Mira Kirshenbaum, reputada psicóloga y directora del Chestnut Hill Institute de Boston, es la autora de un libro publicado recientemente en los EEUU llamado When Good People Have Affairs (Cuando las buenas personas son infieles). Su afirmación ser infiel puede ayudar a salvar un matrimonio ha causado una gran polémica, “es como un tratamiento médico. Si el matrimonio es un enfermo cardíaco, la infidelidad es el desfibrilador”. Tras tratar a miles de infieles y, según su dilatada experiencia, la sinceridad no “es siempre buena” ni para el infiel ni para el cornudo. Pero, ¿que hacer si necesitamos ser sinceros?.
1.- Disculparse pero no dramatizar…“Generalmente todos caemos en el mismo error de acercarnos a nuestra pareja y llorar que estamos arrepentidos. El remordimiento es bueno, pero no podemos excusarnos eternamente”.
2.- No comprar el perdón. Aunque puede ayudar, no hay que tratar de conseguir el perdón a base de regalos. “Puede dar la sensación de que valoras poco a tu pareja y que crees que con prebendas puedes lograr su perdón”.
3.- Recuperar la confianza perdida. Lo importante es demostrar que ya no eres la persona que fue infiel. Que nunca más lo harás. Pero, ¿se puede reconstruir la confianza una vez que ha sido dañada? “Yo siempre digo que es como si me invitas a comer a tu casa y rompo un jarrón; ¿no me invitas más?, ¿no soy la misma persona?”.
Mira distingue además entre 17 tipos diferentes de infidelidad o cuernos, que la revista Magazine del periódico El Mundo resume en 10 dependiendo de los motivos que impulsan al adúltero.
1.- Cuernos para la introspección personal. Te encuentras atrapado en un matrimonio que “ha frustado los propios deseos”. Suele ser el caso de personas que quieren ocultar tendencias homosexuales y parafilias. El caso más demostrativo podría ser el de la escritora Virginia Wolf, que convirtió a su marido Leonard en una mera comparsa mientras mantenía un apasionado romance con Vita Sacksville-West.
2.- El amante accidental. Aparece en el lugar equivocado cuando menos te lo esperas. Vivianne Haigh-Wood acababa de contraer matrimonio con el poeta T.S. Eliot cuando, a las pocas semanas, conoció al pensador Betrand Russell. En seguida se vio envuelta en una relación a tres bandas.
3.- El pánico sexual. Suele ser más propio del hombre. Con la madurez comienza el pánico ante el declive de la libido, entonces el adúltero fija sus miras en jovencitas con carnes jugosas y sin las habituales jaquecas y quejas de su mujer legítima. A esta tipología podrían corresponder las típicas y conocidas infidelidades de hombres adustos y honorables con parejas intergeneracionales. Es bien conocida la afición del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, Il cavaliere, por las bellezas ministeriales como María Cafagna.
4.- Avivar el matrimonio. En ocasiones, los celos son “mejores cómplices del amor que la fidelidad”. Suele tratarse de una apuesta arriesgada, pero un romance extramarital puede ayudar al infiel a descubrir qué es lo que le empuja a mantener un idilio y a actuar para solucionarlo. Son bien conocidas las infidelidades de David Beckham con la odalisca Rebecca Loos. Sin duda, el futbolista buscaba en Loos el deleite carnal que su mujer Victoria había extraviado en sucesivas dietas de adelgazamiento. Y claro, Posh Spice actuó en consecuencia para recuperar su atención.
5.- El placer sin compromisos. El estrés, la crisis económica o la inflación son algunas de las preocupaciones del día a día. Después de una dura jornada de trabajo, qué mejor que una buena dosis de lujuria sin las presiones propias de la convivencia (los niños, la suegra, la hipoteca…). Suele afectar a hombres poderosos de una alta carga de presión. El caso más conocido podría ser el de Bill Clinton y su becaria. Mónica Lewinsky, que entonces tenía 21 años, explicó que “él hablaba de lo duro que era su trabajo” y, por supuesto, ella percibió en esta excusa la llamada patriótica del deber lúbrico. Clinton no buscaba ningún tipo de vínculo afectivo, tan sólo una distracción, una descarga de adrenalina que casi podría equivaler a un partido de tenis. Cherie Blair explicó posteriormente cómo Bill Clinton, tras confesar su infidelidad a su mujer, se explayaba en atenciones con Hillary y que, ironías de la vida, nunca había visto un matrimonio más unido.
6.- El idilio que ayuda a decidir. En realidad, el adúltero o la adúltera están hartos de su matrimonio, pero “les da miedo dejarlo”, así que tienen un romance para ver si el cónyuge, al saberlo, les da la patada o el amante los provee del valor para plantear el divorcio. La infidelidad más renombrada del pasado siglo quizá haya sido la de Carlos de Inglaterra a Lady Diana que, sin duda, nunca se habría divorciado de no haberse filtrado la tórrida conversación telefónica con Camilla Parker Bowles: “Oh… Cómo me gustaría habitar dentro de tus pantalones, sería todo mucho más fácil”.
7.- El “affaire” terapéutico. La vida conyugal se ha convertido en un tedio y el cónyuge infiel quiere satisfacer sus deseos, a veces oscuros, que pueblan su imaginación. Su pareja habitual no está por la labor, así que busca hacer realidad sus fantasías con otras personas. El escritor austriaco Leopold Ritter Von Sacher Masoch vivía atrapado en un matrimonio aburrido y poco excitante que no satisfacía sus inusuales fantasías sexuales. No en vano, su apellido dio origen al término masoquista e hizo firmar a su amante un contrato por el que se comprometía a vestir pieles y hacer buen uso de la fusta y el látigo.
8.- ¡¡¡Venganza!!!. “Está furioso con su pareja porque, de algún modo, le ha hecho daño, así que la infidelidad se convierte en una forma de venganza, incluso cuando el cónyuge no sabe de la infidelidad”. Recurriendo de nuevo a los príncipes de Gales, podría considerarse que el desliz que Lady Di tuvo con el militar James Hewitt responde a esta tipología.
9.- El sustitutivo. Has envejecido junto a tu pareja, pero las antaño lozanas carnes se han vuelto flácidas, mientras el vigor pasional ha sido sustituido por la premeditada pasión viágrica. Los infieles buscan lo que sus parejas han dejado en el camino matrimonial. John McCain engañó a su mujer, la ex modelo Carol Shepp, con Cindy Hensley, una reina sureña de la belleza 20 años más joven, además de una de las fortunas más boyantes de EEUU.
10.- El idilio por ambición. Tras la convivencia, la carrera de uno de los conyuges comienza a prosperar: se mueve en nuevos círculos, conoce nuevas personas y siente que su pareja de toda la vida ya no encaja en sus expectativas. Entonces aparece el amante, generalmente bien arraigado en la nueva vida infiel. Jennifer López dejó a su primer marido, Ojani Noa, un camarero, cuando su carrera como actriz comenzó a despegar. Pensó que el todopoderoso productor Puff Daddy casaba más con sus expectativas de convertirse en una estrella.


