Resumir esta paradoja, así como ver sus antecedentes y sus consecuencias no es un trabajo fácil, sobre todo si tratas de meterlo todo en un mismo post. Este experimento mental propuesto por Albert Einstein, Boris Podolsky y Nathan Rosen en 1935 cuando trabajaban juntos en Princeton surge debido a la autocrítica que los propios científicos realizan a la mecánica cuántica… y es que para un físico/matemático aceptar la idea del entrelazamiento cuántico -quantum entanglement- resultaba extremadamente perturbador.
Esta particular característica de la física cuántica tiene su aquel: según el principio de incertidumbre de Heisenberg se establece que, cuando intentamos medir las propiedades de una partícula el propio proceso de medida las altera en parte, siendo imposible no hacerlo. Por ejemplo, si queremos saber la velocidad de un electrón, podemos hacer que choque contra un blanco y analizar la energía liberada; pero eso, obviamente, altera las condiciones del electrón. Sin pararlo, podemos hacer que pase cerca de otra partícula y ver cómo influye, pero eso también va a provocar que cambie de dirección. No hay manera de solventar ese problema. Por otro lado, en un estado entrelazado, manipulando una de las partículas, se puede modificar el estado total. Es decir, operando sobre una de las partículas se puede modificar el estado de la otra a distancia de manera instantánea. Esto habla de una correlación entre las dos partículas que no tiene contrapartida en el mundo de nuestras experiencias cotidianas.
El experimento planteado por EPR consiste en que dos partículas que interactuaron en el pasado y que quedan en un estado entrelazado. Dos observadores que reciben cada una de las partículas. Si un observador mide el momento de una de ellas, sabe cuál es el momento de la otra. Si mide la posición, gracias al entrelazamiento cuántico y al principio de incertidumbre, puede saber la posición de la otra partícula de forma instantánea, lo que contradice el sentido común. Es como si dos amigos, uno en Nueva York y el otro en Tokio llevan corbatas de color negro. En el momento en que el amigo de Nueva York se cambiase la corbata negra por una roja, en Tokio, y SIMULTÁNEAMENTE, su amigo se cambiara, a su vez, la corbata negra por una roja desafiando la velocidad de la luz, y por tanto, la teoría de la relatividad. Otra bonita forma de entenderlo.
En los 60, John Bell, del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) analizó teóricamente la paradoja y descubrió que el problema estaba en el concepto de realidad objetiva, que para Einstein seguía siendo el clásico (el que todos intuímos: la realidad está “ahí fuera”, y existe independientemente de la medición). Sin embargo, podría suceder que la realidad objetiva no fuera independiente, y que -al menos teóricamente- sería posible hacer experimentos para comprobarlo.
Pasaron casi veinte años, pero en 1982 el físico Alan Aspect de la universidad de París consiguió realizar un experimento en el que se comprobó que, en efecto, las partículas entrelazadas de la paradoja de EPR se comportaban así, que la realidad contiene, de forma intrínseca, esa incertidumbre. Desde entonces, los sistemas que generan partículas entrelazadas se llaman “generadores EPR”.
Y a partir de aquí todo puede llegar a superarnos, que si la explicación a ciertos fenómenos paranormales, que si la criptografía cuántica (si te van más los gráficos), que si computación cuántica, que si la luz puede viajar al pasado, que si se puede superar la velocidad de la luz, teleportación y bla bla bla… seguramente sólo porque a Einstein se le ocurrió llamar a esta característica de la mecánica cuántica spooky o acciones fantasmales a distancia. La verdad es que yuyu sí que da. Pero no es ciencia ficción, su aplicación está a la orden del día en la ciencia actual:



1 comment
Octubre 15, 2008 a 2:11 pm
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